¿Deberían prohibirse los fármacos neurolépticos?

Introducción

Desde su introducción hace treinta años, se han administrado fármacos neurolépticos a decenas de millones de personas. En Suecia, con una población de 8 millones y medio, unas 100.000 personas reciben estos fármacos todos los días. Alrededor de un tercio de ellos tienen el diagnóstico de esquizofrenia. Otros grandes grupos que reciben las drogas son los retrasados y los ancianos en instituciones que están confundidos o son negativos.

Lo que estos receptores de drogas neurolépticas tienen en común es que están bajo la tutela del estado, que no tienen poder ni palabras, y que causan problemas a las personas que los rodean y que tienen el control. Tales drogas son de hecho efectivas para reducir o abolir el comportamiento humano problemático. La indicación cardinal de los fármacos neurolépticos es la esquizofrenia. Por lo tanto, también se denominan fármacos antiesquizofrenia o antipsicóticos. A los fármacos neurolépticos se les atribuye el principal mérito de la revolución moderna en psiquiatría. En general, se cree que ayudaron mucho a las víctimas de la esquizofrenia. Pero en realidad no han ayudado, sino que han dañado enormemente a todas las personas con este diagnóstico. Han causado su daño de dos maneras: primero, debido al daño directo al cerebro y a las funciones mentales, segundo, porque están ligados a puntos de vista falsos y abominables de los problemas humanos y de los seres humanos.

Las drogas han promovido una definición falsa de la esquizofrenia como un problema médico con solución médica. Nos han impedido asumir nuestra responsabilidad. Como consecuencia, las personas con esquizofrenia han sido abandonadas. Esa es la verdadera causa de su tragedia. Si no hubieran sido abandonados, la mayoría de estas personas jóvenes y a menudo dotadas habrían podido, como el resto de nosotros, realizar muchas de las promesas y posibilidades de sus vidas.

Este documento tiene tres partes;

La Parte I establece tres hechos importantes acerca de los fármacos neurolépticos y la esquizofrenia y brinda evidencia y argumentos para cada declaración.

La Parte II describe los efectos de los fármacos neurolépticos en el cerebro y en la personalidad.

La Parte III brinda conclusiones sobre qué cambios en la ley son necesarios y señala algunas otras lecciones de la tragedia de los fármacos neurolépticos.

Parte I: tres datos sobre las drogas neurolépticas y la esquizofrenia

Permítanme enunciar primero tres hechos importantes sobre los fármacos neurolépticos en la esquizofrenia:

  1. El daño cerebral es serio y seguro.
  2. El uso temporal de fármacos neurolépticos es una trampa.
  3. Después de algunos años, los pacientes en programas libres de drogas están mejor según todos los criterios.

Estos hechos exigen cambios rápidos y radicales en la práctica psiquiátrica. Tales cambios no se producirán desde el interior de la psiquiatría misma. Por lo tanto, se necesita una acción política contundente y leyes fuertes.

Daño cerebral

Es bien sabido que la discinesia tardía afecta a una gran proporción de personas que reciben fármacos neurolépticos durante períodos prolongados. La discinesia tardía es una alteración permanente de la coordinación motora. Las manifestaciones más obvias son movimientos involuntarios e incontrolables de la lengua, las mandíbulas y la cara.

Alteración en todos los pacientes.– Si, digamos, un tercio de un grupo de pacientes presenta alteraciones motoras gruesas, podemos estar seguros de que la mayoría, y probablemente todos los demás, también presentan alteraciones. Cuando un sistema cerebral se daña gradualmente, generalmente se necesita mucho daño antes de que las funciones se vuelvan clínicamente anormales. Mucho antes de que aparezcan la discinesia tardía de la cara y otras anomalías graves de la postura corporal y de los movimientos, la persona ha sido despojada de la gracia y la eficiencia de los movimientos que, por los dones de la naturaleza, debería poseer.

Otros trastornos motores.– La discinesia tardía puede parecer particularmente aterradora porque generalmente es crónica y persiste después de suspender el medicamento. Sin embargo, los otros trastornos que involucran todos los músculos del cuerpo de todos los que reciben las drogas, pero que desaparecen cuando se suspende la droga, son de hecho aún más graves. Estos trastornos son el parkinsonismo, la acatisia y la acinesia.

Probable daño total del fármaco durante toda una vida.– La experiencia dice que cuando se administra por primera vez un fármaco neuroléptico a un joven en crisis esquizofrénica, casi siempre seguirá recibiendo el fármaco durante largos periodos o de por vida. Si no se hubiera administrado la droga en primer lugar, se podría haber evitado el destino de la drogodependencia permanente, como veremos a continuación. Por lo tanto, el probable daño total del fármaco durante la vida del paciente paciente debe tenerse en cuenta antes de las decisiones tempranas de administrar fármacos neurolépticos en una crisis esquizofrénica. Más adelante veremos también las razones, tanto farmacológicas como psicológicas, por las que la droga actúa como una trampa. La distinción entre daño permanente por drogas y daño por drogas que puede desaparecer cuando se suspende la droga, no es importante si la droga nunca se suspende.

Otros objetivos en el cerebro para los fármacos neurolépticos.– Hasta ahora solo hemos analizado el sistema cerebral para la coordinación motora. Otros dos objetivos en el cerebro para los fármacos neurolépticos son el sistema de control hormonal y el sistema fronto-límbico. Las manifestaciones obvias de los efectos de la droga en el primer sistema, en algunas pacientes femeninas, son anormalidades menstruales y secreción de leche de los senos.

El sistema fronto-límbico.– El objetivo principal y previsto de los fármacos neurolépticos es el sistema fronto-límbico, que es un centro para las emociones, para el control y la apreciación del entorno interno del cuerpo, para la sexualidad, etc. El llamado efecto antipsicótico de los fármacos neurolépticos es consecuencia de sus efectos sobre el sistema fronto-límbico. El daño al sistema de coordinación motora es más obvio, porque es visible y en algún grado objetivamente medible. El daño al sistema fronto-límbico es, sin embargo, ciertamente más grave, porque significa una perturbación directa de la vida afectiva y de las funciones psíquicas superiores. Más adelante volveremos a hablar específicamente del sistema límbico y su relación con la corteza prefrontal.

Un iceberg de daños cerebrales.– Lo que ya se ha dicho es suficiente para concluir que la discinesia tardía –que por sí sola ha sido calificada como un gran desastre médico– es solo la punta visible de un iceberg de daños cerebrales causados por los fármacos neurolépticos.

Fármacos neurolépticos: una trampa

Todos sabemos lo difícil que puede ser una persona psicótica. Por lo tanto, puede sonar razonable cuando alguien sugiere que las drogas son quizás “necesarias durante la etapa aguda”. Pero esa es una propuesta dudosa, por no decir falaz. Lo es tanto por razones psicológicas como farmacológicas.

Razones psicológicas.– La Guía de Harvard para la Psiquiatría Moderna (Day & Semrad 1978)1 advierte: “Recurrir rápidamente a las drogas convence al paciente de que sus necesidades no serán satisfechas”. En otras palabras, la droga lo priva de lo que más necesita: esperanza. Es esencialmente cierto decir que la esquizofrenia es pérdida de esperanza y, a la inversa, que una persona con una medida plena de esperanza no es esquizofrénica. Ahora, durante la crisis psicótica, la otra persona debe estar presente con todo su coraje, imaginación y paciencia, toda su solidaridad y resistencia. Y el propio paciente necesita su cerebro intacto. Ahora queda por hacer un trabajo de importancia crítica. Si la psicosis se supera sin fármacos, la confianza del paciente en sí mismo y en la otra persona habrá aumentado. Estas cosas, la confianza en sí mismo, el sentimiento de autoestima y la confianza en los demás, son precisamente lo que necesita para superar definitivamente con el tiempo su esquizofrenia. Si se usan drogas, aprenderá la lección opuesta y estará en el camino de aumentar la dependencia de las drogas.

Razones farmacológicas.– También por razones farmacológicas el paciente estará en el muy peligroso camino de aumentar la drogodependencia. Los fármacos neurolépticos inducen cambios específicos en el cerebro que hacen que una persona sea más propensa a la psicosis. Es como tener un agente inductor de psicosis integrado en el cerebro (ver más abajo Cómo actúan los fármacos neurolépticos a nivel del receptor). Este efecto de los fármacos neurolépticos puede disminuir más o menos con el tiempo, si se suspende el fármaco. Pero entonces puede ser demasiado tarde. Debido a los síntomas psicóticos que son efectos secundarios de la droga, ya se ha llegado a la conclusión: “Él necesita la droga”. La trampa es un hecho.

Combinación de fármacos y psicoterapia.– El médico puede sugerir una combinación de fármacos y psicoterapia. Una vez más, esto suena razonable, como suele suceder con los compromisos. Pero, de nuevo, la propuesta es dudosa o falaz. Y puede ser menos que honesta. El motivo real del médico puede ser, consciente o inconscientemente, que quiere una solución rápida y fácil, incluso a expensas de los verdaderos intereses del paciente.

Este último, que, como sabemos, es más sensible que la mayoría de las personas a la deshonestidad, recibe así un doble mensaje de esos que pueden desencadenar o ayudar a desencadenar un brote psicótico.

Quizás sea necesario decir en este punto que, si el médico, el paciente y los familiares en una situación difícil deben decidir que un medicamento para este momento, considerando todo, es el mejor recurso, y si lo hacen tratando de reconocer completamente todos los problemas, que sea totalmente sincero y responsable – nadie fuera de la situación puede emitir ningún juicio. La tragedia es que es probable que lleguen a una decisión equivocada debido a la desinformación psiquiátrica.

Por lo tanto, es esencial advertir sobre estos peligros y recordar lo difícil que es evitar que la terapia farmacológica a corto plazo se convierta en una terapia a largo plazo, con el deterioro de la personalidad causado por las drogas y los daños cerebrales que se acumulan con el tiempo.

Los programas de tratamiento sin drogas son superiores

Los fármacos son eficaces contra los síntomas psicóticos.– Numerosos estudios muestran que los síntomas psicóticos se reducen con los fármacos neurolépticos, y también que el riesgo de recaída en la psicosis se reduce con el tratamiento farmacológico de mantenimiento. Hay miles y miles de informes que prueban estos puntos para todas las drogas neurolépticas.

Fármacos “eficaces”, pero malos para el paciente.– Un experimento mental simple muestra por qué los fármacos, aunque son efectivos contra los síntomas, pueden ser malos para el paciente: Administre fármacos neurolépticos a los bebés. El resultado será que el llanto y el comportamiento problemático se reducirán o eliminarán. Si se administran fármacos de mantenimiento, también se reducirá el riesgo de recaída en el llanto y la creación de problemas. Los infantes son así “mejorados” o “curados” por las drogas. No necesitamos estudios científicos para estar convencidos de que los fármacos, aunque “eficaces”, no son buenos para nuestros hijos. Estamos convencidos de que después de unos años los niños en programas libres de drogas estarán mejor según todos los criterios. Lo mismo es cierto para los pacientes esquizofrénicos y por las mismas razones. Veamos ahora tres estudios científicos que respaldan nuestra tercera afirmación. Se resaltarán los datos clave, ya que el espacio no permite una revisión crítica completa de los estudios.

A. Entorno familiar. – Investigadores británicos han estudiado las tasas de recaída de pacientes esquizofrénicos que viven con su familia, es decir, con sus padres o con su cónyuge. La situación emocional de cada paciente en su hogar fue clasificada como favorable o desfavorable. Uno de los investigadores, Julien P. Leff (1976)2, ha revisado estos estudios en un artículo titulado «Schizophrenia and Sensitivity to the Family Environment». Los porcentajes de nuestra tabla corresponden a tasas de recaída, es decir, el porcentaje de pacientes en cada una de las cuatro categorías que recaían en psicosis. Las cifras están tomadas de la Tabla 1 del artículo original.

Paciente sin fármaco Paciente con fármaco
Situacion emocional favorable 15 12
Situación desfavorable 92 53

Los pacientes con fármacos en un entorno “desfavorable” recaían más de tres veces más a menudo que los pacientes sin fármacos en un entorno “favorable” (53% frente a 15%). En el entorno “favorable”, los fármacos parecían no marcar ninguna diferencia en el riesgo de recaída.

Estos estudios sugieren que lo que necesitan los pacientes esquizofrénicos no son fármacos neurolépticos que dañan el cerebro, sino una situación vital en la que puedan sobrevivir y desarrollarse.

B. El proyecto Soteria en San Francisco. – La Casa Soteria era una residencia familiar en la zona de San Francisco. El personal estaba formado por terapeutas no profesionales. Había espacio para seis pacientes a la vez.Jóvenes, personas recién diagnosticadas de esquizofrenia, fueron admitidas en Soteria y permanecieron allí aproximadamente cinco meses.

Posteriormente, los pacientes de Soteria fueron comparados con pacientes similares ingresados en una clínica psiquiátrica regular. Estos últimos recibieron fármacos neurolépticos como es habitual. Los pacientes de Soteria recibieron pocos o ningún fármaco (Figura 1).

Después de dos años, los pacientes de Soteria eran iguales o superiores a los pacientes del grupo de control según todas las medidas psiquiátricas. La Figura 1 está tomada de un artículo de Matthews et al. “Un tratamiento no neuroléptico de la esquizofrenia: Análisis del riesgo de recaída dos años después del alta” (1979) y muestra que los sujetos de Soteria recaían menos frecuentemente. Por ejemplo, después de 12 meses aproximadamente el 60% de los sujetos del grupo de control habían recaído, pero solo alrededor del 30% de los sujetos de Soteria lo habían hecho (Figura 1).

Figura 1

Figura 1: Tasa de supervivencia de los sujetos de Soteria y del grupo de control. Ejemplo: después de 12 meses, la tasa de supervivencia del grupo de Soteria es de 0,7, lo que significa que el 70% de los pacientes de este grupo no han recaído (Matthews et al. 1979).

B. El proyecto Säter en Suecia. – A principios de los años setenta, Barbro Sandin, que entonces era una mujer de unos cuarenta años, madre y ama de casa, llegó al hospital de Säter como empleada temporal. Se conmovió por un joven esquizofrénico retraído, apático y farmacológicamente sedado, al que acogió en su hogar. Con el paso de los años, el hombre se recuperó y volvió a la vida.

Barbro Sandin fue puesta al frente de una pequeña sala experimental donde ella y un reducido equipo, desde 1973, han acogido y atendido a varios jóvenes esquizofrénicos, en su mayoría sin fármacos.

En 1982, catorce pacientes esquizofrénicos que iniciaron psicoterapia con Sandin en 1973-75 fueron comparados con un número similar de pacientes de control equiparables, que habían sido ingresados en otras salas del hospital de Säter (Sjöström 1985). Los pacientes de Sandin estaban mejor según todas las medidas. La Figura 2 muestra el tiempo medio de hospitalización para los dos grupos de pacientes. En 1980-82 el paciente medio del grupo de control pasaba de 4 a 6 meses al año hospitalizado, mientras que la media para los pacientes de Sandin era de 1 a 2 meses al año en el hospital.

La Figura 2 también muestra que los pacientes sin fármacos requerían más cuidados y atención durante los primeros 2-3 años. En otras palabras, los datos confirman los miles de estudios psiquiátricos que demuestran que los fármacos neurolépticos son eficaces para reducir los síntomas psicóticos y para prevenir la hospitalización. Sin embargo, después de los primeros 2-3 años, los pacientes con fármacos seguían deteriorándose, mientras que los pacientes sin fármacos mejoraban.

Figura 2

Figura 2: En 1980-82 el paciente medio del grupo de control pasaba de 4 a 6 meses al año hospitalizado, mientras que la media para los pacientes de Sandin era de 1 a 2 meses al año en el hospital. (R. Sjöström 1985)

Correlación entre “mejoría” y deterioro a largo plazo. — Los fármacos neurolépticos hacen que las personas estén tranquilas y apáticas y, por tanto, reducen el riesgo a corto plazo de hospitalización psiquiátrica. Cuando a estas personas tranquilas e indiferentes se las considera “mejoradas”, porque presentan menos síntomas, esto es ciertamente un uso perverso de nuestra facultad del lenguaje. Para comprender que dicha terminología es la perversidad que en realidad es, puede ayudar recordar nuestro experimento mental con bebés tratados con fármacos y observar que la “mejoría psiquiátrica” a corto plazo está correlacionada con el deterioro de la personalidad a largo plazo.

Conclusiones de los proyectos Soteria y Säter. — Vimos que los pacientes sin fármacos pronto superaron a los pacientes con fármacos incluso según criterios psiquiátricos. Si hubiéramos tenido medidas de creatividad, capacidad lúdica, carisma, sensibilidad, espiritualidad, autorrealización, autotrascendencia y así sucesivamente, no podemos dudar, sabiendo lo que los fármacos neurolépticos hacen a una persona, de que los sujetos sin fármacos habrían destacado como muy superiores.

Otro beneficio inmensurable, y el más importante para la vida futura de los sujetos sin fármacos, es, en primer lugar, que sus cerebros y mentes no han sido ya dañados por los fármacos, y en segundo lugar, que no han desarrollado una dependencia a los fármacos que supondría acumular daño cerebral con el tiempo. Recordemos que se trata de personas jóvenes con una esperanza de vida restante (sin fármacos) de unos 40-50 años.

Por qué los aficionados fueron mejores. — Los psiquiatras partidarios de los fármacos han tenido décadas y miles de centros en los que perfeccionar sus métodos. Y aquí vemos a estas personas en San Francisco y en Säter sin formación psiquiátrica previa; trabajando en condiciones difíciles, superan los resultados de la psiquiatría establecida. ¿Cómo pudieron los aficionados superar a los profesionales en el primer intento? Hay dos razones evidentes: los aficionados tenían más amor; los profesionales venían con un equipo envenenado.

Solo un comienzo. — En Soteria y en la sala de Sandin en Säter los pacientes recibieron el tipo de acogida humana que los problemas de la esquizofrenia requieren, en lugar de una falsa respuesta médica. Esos resultados son solo un comienzo, un indicador en la dirección correcta. Los terapeutas de Soteria y Säter saben mejor que nadie que en mejores condiciones, con más conocimiento y apoyo, ellos y sus pacientes podrían haberlo hecho mucho mejor todavía.

Nuestro estándar debería ser lo que es posible, no los desalentadores resultados de la psiquiatría basada en fármacos. El objetivo debe ser que cada joven esquizofrénico supere su crisis y continúe hacia el cumplimiento de las promesas y posibilidades de su vida, de manera tan imperfecta como el resto de nosotros.

Nada podría ayudarnos más a acercarnos a ese objetivo que una prohibición de los fármacos neurolépticos. Nada, excepto una prohibición de esas actitudes ante los problemas humanos y los seres humanos que estos fármacos expresan y contribuyen a perpetuar. Lo primero es factible, lo segundo no. Lo primero puede lograrse mediante leyes, si existe la voluntad política.

En la Parte III del artículo volveremos al tema de los cambios legales deseables. Antes de eso, en la Parte II, examinaremos más de cerca cómo actúan los fármacos en el cerebro, y con ello ilustraremos y respaldaremos aún más la primera y la segunda de las tres afirmaciones al inicio de esta primera parte del artículo.

Parte II: Efectos de los fármacos en el cerebro y la personalidad

Objetivos de los fármacos neurolépticos

Los fármacos neurolépticos actúan bloqueando los receptores de dopamina. La dopamina es un transmisor de impulsos nerviosos (Figura 3 A). La transmisión de señales mediante dopamina es importante en tres sistemas principales del cerebro. Por lo tanto, los siguientes tres sistemas cerebrales son los principales objetivos de los fármacos neurolépticos:

  1. Sistema fronto-límbico (Cerebro prefrontal). La parte anterior del lóbulo frontal con núcleos profundos asociados (centro de la voluntad e intelecto, el yo y la conciencia, la perspicacia y el comportamiento guiado por imágenes) y el sistema límbico (centro de las emociones, regulación y contacto con el entorno del cuerpo, sexualidad). Organiza la mente.

  2. Sistema de control motor. La parte posterior del lóbulo frontal con núcleos profundos asociados. Organiza los movimientos corporales.

  3. Sistema de control hormonal. En esta segunda parte del artículo ilustraremos con mayor detalle los efectos de los fármacos neurolépticos sobre los dos primeros sistemas, es decir, los efectos sobre la mente y sobre los movimientos corporales. No consideraremos los efectos sobre las hormonas. Tampoco abordaremos diversos otros efectos de los fármacos, que varían de uno a otro, ya que distintos fármacos neurolépticos bloquean, en mayor o menor medida, otros receptores además de los receptores de dopamina.

Efectos de los neurolépticos a nivel receptor

Cuando los receptores de dopamina son bloqueados por el fármaco, el resultado es que la transmisión de señales a través de las uniones nerviosas (sinapsis) que utilizan dopamina se reduce (Figura 3 B). Pero las células nerviosas contraatacan y forman nuevos receptores* para compensar los bloqueados (Figuras 3 C y 3 D). Los receptores naturales, originales, representan información (sentido, señal, orden). Los nuevos receptores introducen una mayor proporción de sin sentido, ruido o desorden en el sistema (Figura 3).

Deterioro Señal/Ruido. — Mientras el paciente está bajo el fármaco, tiene un nivel reducido de señales, y como efecto secundario, relativamente más ruido en el sistema de lo normal, debido a los receptores newly formados. Inicialmente domina el primer efecto (Figura 3 B). Más adelante, el segundo efecto se vuelve cada vez más dominante (Figura 3 C). Cuando y si el fármaco se suspende, el resultado final es un nivel elevado de señales y todavía más ruido en el sistema (Figura 3 D).


*Los cerebros de animales que han recibido fármacos neurolépticos contienen un número elevado de receptores de dopamina. Los cerebros de personas esquizofrénicas que han recibido fármacos neurolépticos contienen aproximadamente el doble de receptores de dopamina que los cerebros de personas normales. Esto es cierto tanto en el sistema límbico como en el sistema de control motor. (Referencias en Mackay 1982) 10


Figura 3 A B Figura 3A y 3B

Figura 3 C D Figura 3C y 3D

Si adoptamos la terminología utilizada para equipos electrónicos como los sistemas de música estéreo domésticos, podemos decir que el fármaco convierte un sistema de alta fidelidad en un sistema de baja fidelidad. Con el fármaco, el nivel de música se reduce y hay relativamente más ruido que antes (= volumen bajo y baja fidelidad). Sin el fármaco, el nivel de música es más alto de lo normal, pero el ruido es aún más exagerado que la música (= volumen alto y baja fidelidad).

Efectos de los neurolépticos en niveles superiores de organización cerebral

Podemos observar mejor los efectos de los fármacos en el nivel más bajo, el nivel molecular (porque las cantidades de dopamina, receptores de dopamina, etc., pueden medirse en un tubo de ensayo) y en el nivel más alto, el nivel de la experiencia y el comportamiento. Tenemos muchos menos conocimientos sobre los efectos de los fármacos en otros niveles de organización cerebral. Sin embargo, razones teóricas constituyen una prueba convincente de que los efectos duraderos de los fármacos en todos los niveles de organización cerebral pueden resumirse con la fórmula: deterioro de S/R (señal/ruido, sentido/sinsentido).

Trastornos motores. — Si buscamos manifestaciones externas de este deterioro en el sistema cerebral para la coordinación motora, las encontramos en los diversos trastornos motores causados por los fármacos neurolépticos, por ejemplo, parkinsonismo, acatisia y discinesia tardía. Estos patrones de movimiento feos, ineficientes y dolorosamente sin propósito han reemplazado los movimientos corporales finamente ajustados, gráciles y eficientes de la misma persona antes del fármaco.

Trastornos mentales. — Anteriormente observamos que los diversos trastornos motores, por graves que sean en sí mismos, representan solo la punta visible de un iceberg de daños cerebrales en su mayor parte invisibles. Los trastornos correspondientes inducidos por los fármacos en las funciones mentales, debidos a los efectos de los fármacos en el sistema fronto-límbico, están subestimados por al menos dos razones:

  1. Las alteraciones de las funciones mentales superiores, particularmente de los estados y experiencias subjetivas, son a menudo elusivas y difíciles de verificar objetivamente. Es bien conocido en la neuropsicología que incluso en casos de daños cerebrales extensos, cuando las personas cercanas al paciente encuentran su personalidad muy dañada, las pruebas psicológicas y los exámenes clínicos a menudo no logran revelar ninguna anomalía.

  2. Las alteraciones de las funciones mentales superiores son a menudo atribuidas falsamente a la “enfermedad mental” del paciente, cuando en realidad son causadas por los fármacos. Por increíble que parezca, incluso los graves trastornos motores que desde el principio afectaron a un gran número de pacientes fueron pasados por alto durante mucho tiempo por los psiquiatras por esta razón.

La ceguera de la psiquiatría ante los efectos nocivos de sus propias acciones es tan flagrante como trágica y cruel.

La persona exterior como imagen de la persona interior. — Los trastornos motores causados por los fármacos neurolépticos son, pues, también importantes como ilustración concreta de las consecuencias cuando un sistema cerebral dependiente de la dopamina se expone a un fármaco neuroléptico. Podemos ver a la persona exterior como una imagen de la persona interior.

Con esta ilustración en mente, es decir, la imagen de personas con parkinsonismo, acatisia, discinesia tardía, pasemos ahora a observar el objetivo principal y pretendido de los fármacos neurolépticos: el sistema cerebral dopaminérgico que es más esencial para las funciones mentales, el sistema fronto-límbico.

El sistema fronto-límbico (el cerebro prefrontal)

Este es el sistema cerebral que organiza la mente. Partes del sistema límbico se encuentran fuera del cerebro prefrontal como región anatómica. Desde un punto de vista funcional, sin embargo, el cerebro prefrontal con todo el sistema límbico puede considerarse como un único sistema. Así, en el presente contexto, los dos términos sistema fronto-límbico y cerebro prefrontal significan lo mismo.

Tratamiento de la esquizofrenia: antiguo y nuevo. — El antiguo tratamiento quirúrgico de la esquizofrenia consistía en cortar las conexiones del lóbulo frontal y del sistema límbico. El nuevo tratamiento con fármacos, en lugar de cirugía cerebral, tiene también como objetivo el sistema fronto-límbico. Los fármacos neurolépticos bloquean la transmisión nerviosa por medios químicos en lugar de físicos.

Complementariedad fronto-límbica. — El sistema límbico es el centro de las emociones, de la regulación y del contacto con el entorno interno del cuerpo, y de las funciones sexuales. Mientras que la división prefrontal del sistema fronto-límbico representa más una dimensión verbal e intelectual, la división límbica aporta una dimensión intuitiva, emocional y no verbal a los procesos mentales.

Algunas observaciones y comentarios de destacados neurofisiólogos pueden ayudarnos a apreciar el papel del sistema límbico. Paul D. MacLean, quien hace unos cuarenta años distinguió y nombró el sistema límbico, escribió estas palabras en un artículo más reciente (1973):5

“… la corteza prefrontal proporciona previsión en la planificación para nosotros mismos y para los demás… podría recibir parte de su perspicacia —la capacidad ‘de ver con sentimiento’— a través de sus conexiones con el cerebro límbico… dichas conexiones podrían explicar un vínculo entre la experiencia visual y vísceral que parece esencial para la identificación efectiva con lo que se recuerda visualmente.”

En un artículo titulado «El Problema del Lóbulo Frontal», Walle J.H. Nauta (1971)6 escribe: «Es tentador especular que la relación fronto-límbica recíproca podría estar involucrada de manera central en el fenómeno de la anticipación conductual … El individuo normal decide sobre un curso de acción particular mediante un proceso de pensamiento en el que se comparan un mayor o menor número de alternativas estratégicas. Se podría sugerir —admitidamente sobre bases puramente introspectivas— que la comparación, en el análisis final, es una entre las respuestas afectivas evocadas por cada una de las diversas alternativas … La incorporación de un elemento introspectivo, intuitivo en la toma de decisiones, sugerido anteriormente por Henri Bergson (por ejemplo, Capítulo 2 de La Evolución Creadora …) se expresa en una variedad de modismos: “el mero pensamiento de hacer tal cosa me pone enfermo”.

Capacidad de identificarse. — Frente a este trasfondo puede comprenderse bien que un efecto de los fármacos neurolépticos en el cerebro fronto-límbico es que la persona pierde su inspiración, sus pasiones, sus motivaciones, porque pierde su capacidad de identificarse consigo mismo, con los demás y con el resto del mundo percibido y recordado. Es este efecto del fármaco lo que las personas que lo toman intentan explicar cuando dicen:

“Estoy muerto en vida… Soy un zombi… Soy un autómata… He perdido mi gusto, mis reflejos… No puedo leer un libro… ni siquiera ver la tele… No tengo memoria…”

Todas estas son, por supuesto, quejas naturales de una persona con un cerebro fronto-límbico mutilado.

Estas quejas de las víctimas de los fármacos neurolépticos desgarran el corazón. Desgarran el corazón por partida doble porque no reciben comprensión por parte del psiquiatra partidario de los fármacos, en cuya mente objetiva ni siquiera parecen registrarse. Y porque están tan silenciadas, ya que el fármaco ha arrebatado precisamente la capacidad de protestar, de importarle y de entender lo que ha sucedido.

Acción integradora de la mente. — El estrecho interjuego entre las partes prefrontal y límbica del cerebro es, pues, necesario para la función más elevada, la acción integradora de la mente, para alcanzar la unidad personal, la comunidad interpersonal y la comprensión en niveles cada vez más altos.

Sin un sistema fronto-límbico intacto es imposible superar la esquizofrenia. Debe destacarse que la única salida posible de la esquizofrenia es hacia adelante. Retornar a la ingenuidad de represiones anteriores es imposible. Todo el sufrimiento, y todo lo experimentado a través de crisis psicóticas y expansiones de la conciencia, debe integrarse en una organización de la personalidad aún más evolucionada. Es una tarea creativa que depende de la facultad plena de la mente de una persona.

«Fármacos Anti-Psicolóticos»: Un Término Engañoso

El Efecto Neuroléptico — Inicialmente, el efecto principal de los fármacos neurolépticos, como hemos visto arriba, es una reducción del nivel de señal en los sistemas cerebrales dopaminérgicos (Figura 3 B). «Neuroleptización óptima», dicen los psiquiatras, significa que el 70% de los receptores de dopamina del paciente están bloqueados por el fármaco. Una manifestación clínica de este nivel reducido de señal es que los pacientes se vuelven «tranquilos, menos activos y más o menos indiferentes a experiencias y situaciones que previamente los hacían muy emocionales». A medida que el paciente pierde sus pasiones, su inspiración y su capacidad de importarle, las conductas problemáticas se reducen, así como todos los otros tipos de autoafirmación y espontaneidad. El efecto antipsicótico es, por tanto, solo un pequeño aspecto de este efecto neuroléptico general.

«Neuroléptico» es el término original que utilizaron los investigadores franceses que introdujeron el primer fármaco de esta clase, la clorpromazina, a principios de la década de 1950. Los investigadores franceses observaron los efectos del fármaco con ojos más ingenuos y honestos que la mayoría de los psiquiatras posteriores. Vieron claramente que los fármacos causan una apatía e indiferencia general. Utilizaron la palabra griega leptos, que significa fino, pequeño, atenuado, para acuñar el término «neuro-léptico», significando así energía nerviosa o mental reducida.

El Efecto Antipsicótico — El efecto antipsicótico es solo un pequeño aspecto de las acciones de estos fármacos porque:

  1. La reducción de los síntomas psicóticos es solo una de muchas consecuencias del efecto neuroléptico general, es decir, el efecto anti-fronto-límbico.

  2. Los fármacos tienen efectos igualmente drásticos en otros sistemas cerebrales dependientes de dopamina, por ejemplo, el sistema de coordinación motora y el sistema de control hormonal.

  3. El nivel reducido de señal es solo el primer efecto del fármaco (Figura 3 B). Un segundo efecto, que se vuelve cada vez más importante con el tiempo, es el aumento de ruido, es decir, transmisión de señales alterada (Figuras 3 C y 3 D). Un tercer efecto, nivel de señal más alto que lo normal, directamente opuesto al originalmente previsto, aparece cuando se suspende el fármaco (Figura 3 D). Estos últimos dos efectos significan que el paciente se ha vuelto más psicótico o más propenso a la psicosis a causa del fármaco*.


*[N. del T.: El autor asume implícitamente la Hipótesis dopaminérgica de la esquizofrenia, la cual considera que los síntomas positivos de las psicosis están causados por una hiperactividad de las neuronas dopaminérgicas mesolímbicas. Esta Hipótesis no ha sido nunca probada como una verdad científica absoluta, pero es el modelo biológico más aceptado por la psiquiatría convencional.]

Anfetamina. — La anfetamina y los fármacos relacionados tienen también la sinapsis dopaminérgica como objetivo. El efecto de tales fármacos es el opuesto al efecto inicial de los fármacos neurolépticos. Las anfetaminas aumentan los síntomas psicóticos y pueden causar psicosis. Estos agentes aumentan la transmisión de señales, probablemente liberando dopamina.

En términos generales, el efecto de la anfetamina es, pues: aumento del nivel de señal y un deterioro de S/R. Esto último se debe a que el ruido (sinsentido) aumenta aún más que la transmisión de señal (sentido). El efecto duradero de los fármacos neurolépticos es, por tanto, similar al de la administración crónica de anfetaminas. Esto es lo contrario de lo que necesita una persona propensa a la psicosis.

Si bien el efecto inicial sobre el nivel de señal es opuesto en el caso de las anfetaminas y de los fármacos neurolépticos, ambas clases de fármacos tienen en común el efecto de aumentar el ruido (sinsentido, desorden) en el sistema.

¿Por qué «fármacos antipsicóticos» es un término engañoso? — El término es engañoso por las siguientes razones:

  1. Los fármacos no tienen ningún efecto específico sobre los síntomas psicóticos. Solo debido a una apatía e indiferencia generales, los síntomas psicóticos (o al menos su expresión abierta y activa) se reducen en muchos pacientes.

  2. Los fármacos provocan o agravan las alucinaciones y los delirios como efecto agudo en muchos pacientes. Esto a menudo pasa desapercibido para el psiquiatra. Rara vez conoce al paciente lo suficientemente bien como para darse cuenta de que, aunque este esté ahora quizás más tranquilo, menos excitado y menos agresivo, al mismo tiempo tiene más y peores delirios y sufre con más indefensión terroríficas alucinaciones. Posiblemente este empeoramiento agudo de la psicosis se deba a los receptores de dopamina recién formados (Figura 3 C), al ruido, al sinsentido perturbador que el fármaco provoca en el cerebro. El poder de la palabra es tal que el médico, por regla general, ni siquiera piensa en la posibilidad de que el fármaco esté causando el empeoramiento de la psicosis del paciente. En lugar de retirar el fármaco, aumenta la dosis del «antipsicótico». En algún nivel alto de fármaco, incluso los síntomas psicóticos causados por el fármaco pueden acabar siendo suprimidos.

  3. Los fármacos inducen cambios específicos y duraderos en el sistema fronto-límbico que hacen a la persona más propensa a la psicosis. El fármaco vuelve al paciente cada vez más psicótico, lo que hace cada vez más difícil prescindir del «antipsicótico». Este es el mecanismo farmacológico de la trampa neuroléptica descrita en la Parte I del artículo.

Términos alternativos. — La palabra «antipsicótico» tiene un efecto hipnótico, cegando a los médicos ante lo que los fármacos están realmente haciendo a los pacientes. El término «neuroléptico» sugiere correctamente uno de los muchos efectos de los fármacos. No se puede pedir más a un nombre. El término «antipsicótico» es una falsedad. De los dos nombres habituales para esta clase de fármacos (los bloqueadores de receptores de dopamina), solo uno puede admitirse entre personas honestas.

Creatividad, Perspicacia y el Sistema Fronto-Límbico

Poco antes de venir a Copenhague para esta conferencia (en agosto de 1984) mantuve una conversación telefónica con una mujer que, algunos años atrás, había sido gravemente esquizofrénica. [En este libro* también aparece en Amor, Esperanza y Ciencia del Cerebro, donde se describe una experiencia psicótica que tuvo en 1978. En una entrevista con ella, julio de 1998, Hebriana: Una Superviviente, (página 61), afirma sus experiencias psicóticas y describe la situación de un superviviente; el lector se dará cuenta de que habla por millones de personas desaparecidas].


*[ N. del T.: Se refiere al libro donde aparece este artículo: Deprived of our Humanity - The case against Neuroleptic Drugs, Lars Martensson, M.D.]

Esta es la misma mujer que se presenta en Amor, Esperanza y Ciencia del Cerebro. En este último artículo se describe una experiencia psicótica que tuvo en 1978 y hay fotos suyas tomadas en 1981. En la siguiente conversación de 1984, habla sobre su experiencia con los fármacos neurolépticos y sobre la perspicacia y la creatividad.

Experiencia con los fármacos neurolépticos. — Esta mujer había experimentado los fármacos neurolépticos en dosis altas, pero solo durante períodos limitados. Había sido rescatada del sistema psiquiátrico. Ahora le pregunté acerca de los efectos de los fármacos y, en un arrebato de pasión, dijo (traducción literal):

«Todas las funciones vitales trastornadas. Estás en una situación de ansiedad inmensa, de estrés. Tu cuerpo, tu cerebro, necesita todos los recursos para conseguir algún tipo de comprensión de quién eres, de lo que haces, de que existes. ¿Cómo puedes hacer ese trabajo —recuperarte, lograr el equilibrio y la armonía— cuando una gran parte de tus funciones ha desaparecido? Es una locura. Una gran parte de tu capacidad de resolución de problemas se ha ido, justo cuando más la necesitas. Funciones vitales perdidas: coordinación fina, ver, oír, pensar, sentir, tomar distancia, crear distancia, perspectiva…» [Tras una pregunta mía sobre su sufrimiento, continuó]. «Sufrimiento. ¡Qué! ¿Acaso no soy una paciente? Eso significa sufrimiento, pasión, ¿no? Sufrir es ser humano, quiero tener todas esas cosas que me hacen un ser humano. Si ser esquizofrénico significa ser defectuoso, no se debería quitar aún más. No convertir a las personas en discapacitadas. Enseñarles a vivir con su discapacidad en cambio…»

Rollo May sobre la Creatividad. — Ella también habló conmigo sobre la perspicacia, lo que sucede en su cuerpo cuando tiene una nueva idea. Relacionó el relato de Rollo May en su libro El Coraje de Crear. Rollo May (1975) escribe sobre la intensidad del encuentro (cf. arriba: ‘capacidad de identificarse’) como un elemento necesario del acto creativo —‘absorción, quedar atrapado en, estar plenamente involucrado’— y describe los cambios neurológicos en tales momentos: «ritmo cardíaco acelerado, presión arterial más alta, aumento de la intensidad y constricción de la visión»… La mujer añadió: «Eso coincide con mi experiencia: la visión es más clara, el oído mejor, la memoria perfecta».

Rollo May continúa: «tenemos la misma imagen que Walter B. Cannon describió como el mecanismo de ‘huir-pelear’, la activación del organismo para combatir o huir. Esta es la correlación neurológica de lo que encontramos, en términos amplios, en la ansiedad y el miedo. Pero [lo que sentimos en momentos creativos, momentos de perspicacia] no es ansiedad ni miedo. Es alegría … alegría que acompaña a la conciencia intensificada, el estado de ánimo que acompaña la actualización de las propias potencialidades.»

Efecto de los fármacos neurolépticos sobre el funcionamiento humano de alto nivel. — Este tipo de funcionamiento humano de alto nivel es destruido por los fármacos neurolépticos mediante la mutilación del cerebro fronto-límbico. Los fármacos arrebatan la capacidad de experimentar nuevas perspicacias y de alcanzar una evolución personal creativa. Los fármacos arrebatan precisamente las facultades necesarias para superar la esquizofrenia. Destruyen la capacidad distintiva del ser humano, la creatividad, la base de lo que más valoramos: la libertad y la autotrascendencia.

Pruebas concluyentes. — Observamos, en la Parte I, que grupos de pacientes esquizofrénicos en programas sin fármacos se encontraban mejor después de unos años, incluso según criterios psiquiátricos, que pacientes comparables tratados con fármacos. Más convincente todavía es la experiencia de conocer a alguien como la mujer de esta conversación telefónica. Si el conocimiento nuevo va a ser recordado e integrado en la personalidad, para convertirse en una fuerza motivadora, se requiere algo más que comprensión intelectual. Requiere también una experiencia intuitiva de lo correcto. Requiere una mente/cuerpo plenos, una experiencia fronto-límbica plena.

Por eso apelé a la comprensión intuitiva del lector sobre los niños; a su comprensión de las condiciones necesarias para que un niño crezca hacia lo que un niño está destinado a llegar a ser. Los fármacos neurolépticos —sin importar cuán médicamente eficaces sean contra los síntomas— arrebatan un sine qua non para el crecimiento humano, para la évolution créatrice.

Conocer a alguien. — Por eso también conocer a alguien como la persona con la que estamos hablando ahora es más convincente que leer los datos de los estudios de Soteria y Säter. Ella tiene ahora 27 años (en 1984).

De cuatro a siete años atrás reunía, no solo uno, sino la mayoría o todos los criterios diagnósticos de primer rango de Schneider para la esquizofrenia. Según la opinión psiquiátrica estaba en absoluta necesidad de fármacos neurolépticos y tenía un pronóstico de lo más pesimista. Exhibió en diversas ocasiones todos los síntomas hebefrénicos y catatónicos.

Si no hubiera sido salvada de los fármacos neurolépticos, sabemos que nunca habría podido convertirse en la persona viva, competente y creativa que es hoy. Además, es ahora una madre que funciona bien, dando el pecho —feliz, cariñosa, sensible, juguetona. Está claro que las adaptaciones corporales y emocionales necesarias para el embarazo, el parto y la maternidad requieren un buen cerebro fronto-límbico. En otras palabras, del mismo modo que los fármacos neurolépticos habrían destruido su creatividad mental y artística, la habrían privado de la creatividad femenina específica necesaria para criar a su hijo.

La verdadera tarea de la ciencia. — La verdadera tarea de la ciencia es mostrarnos cómo aquello que se consideraba imposible es posible. Dar esperanza. Frente a la esquizofrenia, su mayor desafío, la psiquiatría está haciendo lo contrario.

Parte III Conclusiones: Nuevas leyes necesarias y otras lecciones de la tragedia de los fármacos neurolépticos

La persona joven con esquizofrenia aguda ha sido el foco de este artículo. Una razón es que la esquizofrenia aguda es la indicación fundamental de los fármacos neurolépticos, y los psiquiatras generalmente coincidirían en que si los fármacos no son buenos para las personas con esquizofrenia, no lo son para nadie.

Hemos visto que los fármacos neurolépticos destruyen algo que es difícil de medir y que, sin embargo, es precisamente lo que hace que los seres humanos sean humanos y que la vida humana merezca la pena.

En la introducción se mencionaron otros dos grandes grupos de personas que reciben fármacos neurolépticos. El potencial, digamos, de un niño con discapacidad mental o de una persona anciana y a veces confusa puede no ser grande según criterios mundanos, en comparación, por ejemplo, con una persona joven esquizofrénica, como la mujer con la que hablamos en una página anterior. Pero nuestra sociedad está comprometida con el rechazo de tales criterios como medidas últimas del valor humano, y con la protección del derecho de cada individuo a la vida y a la autorrealización.

Por ello se revela una grosera hipocresía cuando, en nuestras instituciones, se cuida físicamente a los ancianos y a los discapacitados, mientras se destruye su humanidad esencial con fármacos neurolépticos.

Fármacos Neurolépticos en Hogares para Personas con Discapacidad Mental y Ancianos

Es una abominación cuando un médico visita un hogar para «retrasados», «débiles mentales», y prescribe fármacos neurolépticos al por mayor a aquellos que se reportan «agitados», «inquiectos», «difíciles» y así sucesivamente. Y cuando continúa hacia el hogar de ancianos para distribuir la misma panacea neuroléptica, aquí justificada por diagnósticos como «confusión senil» y «negativismo». Mientras el régimen neuroléptico dure, estas instituciones merecen la inscripción: «Todos los que entráis aquí, abandonad toda esperanza». Los nazis mataron a su «gente inútil». Nosotros dejamos que los cuerpos vivan, mientras matamos las almas.

Un médico en este tipo de situación debería recordar que la ética médica, si no su propia conciencia, le prohíben prescribir cualquier tratamiento médico que no sea en el mejor interés del paciente, y exigen que respete la autonomía del paciente. De esto se desprende que, si los fármacos neurolépticos u otras medicaciones pesadas para la mente deben administrarse alguna vez a niños (personas incompetentes de cualquier edad), la palabra final y la evaluación del efecto deberían descansar siempre en alguien que ama, se preocupa por, y se identifica plenamente con el niño.

El fenómeno de los fármacos neurolépticos revela un elemento racista y fascista en nuestra sociedad. Es contrario a los valores cristianos que enfatizan el amor —Sé el guardián de tu hermano; Ama a tu prójimo como a ti mismo; Lo que hiciste a uno de los más pequeños de estos mis hermanos, a mí me lo hiciste— y al hombre interior como más importante que su aspecto exterior. Es igualmente contrario a los valores humanísticos y democráticos que enfatizan la autonomía, la integridad, la responsabilidad y el valor del individuo.

¿Quién controlará nuestros cerebros?

Las personas saben con sus entrañas y con su espíritu —recordemos lo que Nauta8 dijo sobre el sistema límbico— que la visión psiquiátrica del ser humano es limitada e incompleta. Por lo tanto, deberían exigir a sus legisladores leyes que les otorguen control total y decisión final sobre las alteraciones mediante fármacos u otras terapias somáticas en sus propios cerebros, o en los cerebros y mentes de sus seres queridos.

Hoy en día, si nos atrevemos a pedirle al Estado de bienestar ayuda temporal, alivio, asilo, para nosotros mismos o para alguien que nos importa, y acudimos a una institución psiquiátrica o médica relacionada, el hecho es que —como condición de la ayuda— tenemos que renunciar al control sobre lo que se hace al cerebro en nuestra propia cabeza o en la de nuestro ser querido. Esta es una condición intolerable de ayuda. Debe ser revertida mediante leyes claras.

Crímenes y tragedias en la historia de la psiquiatría: pasado, presente y futuro (?)

La prohibición de los fármacos neurolépticos es la conclusión más directa y evidente de todo lo que se ha dicho aquí. Pero claramente hay también otras conclusiones jurídicas importantes y lecciones que aprender de la tragedia neuroléptica.

La historia de la psiquiatría es aterradora. Es más fácil ver la maldad de las prácticas terapéuticas del pasado que ver la maldad de los métodos actuales. Pocos negarían ahora que las lobotomías practicadas a grandes números de personas esquizofrénicas hace 40-50 años fueron algo terrible. La tragedia de los fármacos neurolépticos, que afecta a muchas más personas, es, sin embargo, una catástrofe sin igual en la historia de la psiquiatría.

La lobotomía química mediante fármacos neurolépticos tiene una apariencia más limpia que la lobotomía quirúrgica. Otros fármacos y terapias somáticas de apariencia aún más limpia serán introducidos en el futuro, por ejemplo, fármacos de tipo neuroléptico que afecten al cerebro fronto-límbico de forma más selectiva, y que por tanto tengan «menos efectos secundarios», lo que significa menor alteración de la coordinación motora y de las hormonas —mientras hacen tanto o más daño, es decir, catastrófico, al hombre interior y a nuestra humanidad esencial.

La profesión médica, al poder ver estos peligros con mayor claridad que otros, debería ser la primera en advertir y promover garantías legales. Por ejemplo, parecen necesarias leyes del siguiente tipo.

La necesidad de este derecho legal quedó demostrada anteriormente al responder a la pregunta: ¿quién controlará nuestros cerebros? Concluimos que es una coacción intolerable cuando a las personas en dificultad se les presta ayuda solo con la condición de que acepten fármacos que alteran la mente y dañan el cerebro, y otras intrusiones somáticas en el cerebro.

Estamos hablando aquí de un derecho que es una consecuencia natural y evidente del sistema de valores de nuestra sociedad. Se han dado algunos ejemplos, y podrían citarse innumerables casos trágicos, que ilustran la necesidad de protección legal de este derecho.

Cuando un paciente haya invocado este derecho, o cuando alguien que lo represente legítimamente lo haya invocado en su nombre, su posición debe ser respetada sin cuestionamientos, con un espíritu plenamente sincero y como algo natural. En otras palabras, a partir de ese momento, el personal de la institución deberá ayudarle según el máximo de sus capacidades como si los fármacos no existieran. Simplemente tienen una herramienta menos.

Más importante y más fundamental que la libertad física es el derecho a la protección de la mente y el cerebro contra intrusiones químicas y físicas no deseadas. Hoy en día, cualquier persona internada pierde este derecho.

Es intolerable que este derecho pueda ser reemplazado por el capricho de cualquier médico, quien puede ordenar un tratamiento que altere el cerebro o la mente que la mayoría de sus colegas ni siquiera considerarían, un tratamiento que puede tener graves consecuencias para la vida futura del paciente.

El tratamiento forzoso no debe permitirse automáticamente porque una persona esté internada. El hecho de que algunas personas consideren que alguien tiene que estar encerrado no debería significar que esa persona pierda al mismo tiempo un derecho que es más importante y fundamental que la libertad física.

Es necesario un segundo paso legal, más riguroso y exhaustivo que el requerido para el internamiento, antes de que se permita tocar el cerebro contra la voluntad de una persona. Es una atrocidad que cualquier persona internada pueda ser expuesta a medidas como el TEC y los fármacos neurolépticos, por ejemplo, en forma de depósito de acción prolongada, por decisión de un solo médico. Si han de permitirse alguna vez violaciones de la integridad personal de un tipo que, en principio y muy a menudo en la práctica, son más graves que el encarcelamiento, debe establecerse primero que «todas las personas razonables pueden convenir que el tratamiento es en beneficio del paciente».

La profesión médica —guiada por el principio del consentimiento informado, el principio de autonomía y el principio de que cualquier tratamiento médico debe ser en el mejor interés del paciente— debe insistir en que el tribunal encargado de tales decisiones busque el asesoramiento de alguien que ame, cuide y se identifique con el paciente.

Nadie más está mejor capacitado para representar a alguien que no puede representarse a sí mismo. Si el veredicto de esta persona es un no al tratamiento, el veredicto del tribunal debe ser también no.

Si se otorga a los pacientes este tipo de protección y seguridad legales —contra, por ejemplo, las inyecciones de depósito de fármacos neurolépticos y los tratamientos de electroshock—, la mala reputación y el gran temor hacia las clínicas psiquiátricas podrían comenzar a desaparecer. La moral subiría. La psiquiatría y los psiquiatras también se beneficiarían enormemente.

La Declaración de Hawái fue adoptada por la Asociación Mundial de Psiquiatría en su reunión en Honolulu, Hawái, 1977. El preámbulo de la declaración advierte de «la posibilidad de abusos de los conceptos, conocimientos y tecnología psiquiátricos en acciones contrarias a las leyes de la humanidad». La declaración establece cuatro condiciones, todas las cuales deben cumplirse antes de cualquier tratamiento forzoso = «tratamiento administrado contra o independientemente de la propia voluntad del paciente»:

  1. El tratamiento se realiza «en el mejor interés del paciente».
  2. El tratamiento está «limitado a un período razonable de tiempo».
  3. «Puede presumirse un consentimiento informado retroactivo.»
  4. «Siempre que sea posible, se ha obtenido el consentimiento de alguien cercano al paciente.»

Estas normas son de hecho desconocidas o ignoradas por muchos psiquiatras. El tratamiento forzoso se aplica, por tanto, muy a menudo en violación de las mismas. Está claro que es importante que estas condiciones sean bien conocidas no solo por los psiquiatras, sino también por los pacientes y todo el personal psiquiátrico. [Nota añadida en 1998: Por desgracia, la declaración ética más reciente de la Asociación Mundial de Psiquiatría, la Declaración de Madrid, 1996, no reafirma explícitamente las cuatro condiciones del tratamiento forzoso. Pero estas siguen siendo, por supuesto, no menos exigibles hoy en día. Simplemente se derivan de los principios fundamentales de la ética médica, que son vinculantes para todos los médicos]. Otros ponentes en esta conferencia han destacado que las convenciones y declaraciones éticas internacionales deberían incorporarse a las leyes nacionales. Eso parece particularmente urgente en el caso de estas condiciones para el tratamiento psiquiátrico forzoso.

Si, a pesar de la mejor voluntad y el mejor esfuerzo de los responsables, se ha administrado un tratamiento forzoso en contra de la verdadera voluntad interior del paciente, el mal ético y el daño mental al paciente agraviado serán menores si este puede comprobar que se hizo un esfuerzo sincero y completo por respetarlo, es decir, si puede ver que el deseo de respetarlo fue primordial.

Por esta razón, la ley debería requerir un documento previo por escrito que muestre el razonamiento —del médico y del personal, y del tribunal, cuya necesidad se señaló anteriormente— detrás de la decisión de administrar un «tratamiento contra o independientemente de la voluntad del paciente». El documento debería, por supuesto, especificar por qué se consideró cumplida cada una de las cuatro condiciones.

Con el fin de evitar errores futuros en la atención de esta misma persona y de otros pacientes, debería ser del mayor interés obtener el comentario del paciente. Esta importante evaluación retrospectiva debería obtenerse a través de una persona que cuente con la confianza del paciente y que no haya sido una de las responsables de la decisión.

Si no se obtiene un consentimiento retroactivo, eso significa que la decisión fue un error. Por otro lado, un consentimiento retroactivo no prueba que el tratamiento fuera legítimo, ya que la voluntad del paciente puede haber sido quebrantada. Obviamente, los pacientes muy dependientes de la institución proveedora de cuidados y con un cerebro fronto-límbico mutilado por los fármacos neurolépticos son los más susceptibles al lavado de cerebro.

El argumento para esta ley es que el daño de los fármacos neurolépticos supera con creces cualquier beneficio, y que la actual situación intolerable no puede corregirse con suficiente rapidez por otros medios.

La opinión psiquiátrica sostiene que los fármacos neurolépticos son claramente más adecuados para la esquizofrenia aguda, y que otros usos son más cuestionables. Por ejemplo, se advierte que estos fármacos son «demasiado potentes» y «demasiado inseguros» para usos «triviales». En Suecia, unas 1000 personas reciben el diagnóstico de esquizofrenia cada año, mientras que unas 100000 personas reciben fármacos neurolépticos en un solo día. El diagnóstico de esquizofrenia aguda representa, por tanto, no más de uno o unos pocos por ciento (digamos 0,5-2% según las definiciones) del consumo total.

Hemos visto razones por las que los fármacos neurolépticos son particularmente nocivos y peligrosos cuando se administran a una persona joven en crisis esquizofrénica aguda. Los psiquiatras generalmente coincidirían en que si los fármacos neurolépticos no son buenos para las personas esquizofrénicas, no lo son para nadie.

De las tres afirmaciones iniciales de este artículo, tomadas en conjunto, se deduce que los fármacos neurolépticos son efectivamente malos para las personas esquizofrénicas. Estas afirmaciones han sido respaldadas por las pruebas y los argumentos expuestos en el resto del artículo. De ello se deduce también que los fármacos son malos para otras personas. En consecuencia, los fármacos neurolépticos deberían prohibirse.

La discusión residual sobre si puede haber algunos usos legítimos de los fármacos neurolépticos que justificarían un consumo en torno al cero por ciento (0%) del nivel actual es irrelevante en este contexto. No debería permitirse que nuble la cuestión principal y retrase la decisión política.

Sin duda, la resistencia del sistema psiquiátrico al cambio necesario será enorme. Los psiquiatras perderán el sistema más eficiente de gestión y control. Quienes están motivados más por el deseo de prestigio y poder que por la verdad y el bienestar de los pacientes y la sociedad, se resistirán al cambio. Pero, en el fondo de sus mentes, quizá incluso ellos se sientan aliviados.

Un psiquiatra experimentado, en el umbral de la jubilación, advirtió: «Pero, Lars, tienes que recordar: entonces todo lo que han hecho toda su vida está mal.» Y añadió: «Es un sistema que funciona.»

La profesión psiquiátrica se encuentra en un dilema. Se nos recuerda la verdad de que lo verdaderamente reprochable no son los errores del pasado, sino la negativa a enfrentarlos y aprender de ellos. Vemos que, cuando se trata de las cosas más serias, estamos más dispuestos a perdonar a los demás que a nosotros mismos. Vemos que el perdón, y ante todo el autoperdón, es una virtud liberadora.

Los psiquiatras como grupo no son más maduros en este aspecto que los demás. Necesitan ayuda externa para romper la destructiva adicción a los fármacos. Muchos de ellos acogerán dicha ayuda, aunque solo sea en silencio.

La Siguiente Pregunta

La siguiente pregunta es: ¿tenemos la voluntad moral y el coraje para eliminar un elemento en la sociedad que es contrario a nuestros valores más elevados? Si así fuera, el mal de los fármacos neurolépticos será eliminado mediante una acción política enérgica.

Cuando miramos otras épocas y culturas, vemos claramente que males trascendentales fueron encubiertos o justificados, considerados «necesarios», en nombre de la religión reinante u otra ideología totalitaria. El fenómeno de los fármacos neurolépticos muestra que lo mismo ocurre en nuestra propia sociedad.

Aún esperamos que nuestra «religión» sea diferente, porque el humanismo —ciencia— democracia es, en principio, autocrítico, autocorrectivo, autoreflexivo de acuerdo con la estructura de la mente más elevada del hombre, la cual —gracias a su estructura autoreflexiva (?)— es libre, creativa, responsable y sin límites prefijados.

Esperamos, pero hoy como siempre, se necesita coraje y acción para convertir la esperanza en una nueva realidad.

Las herramientas de la psicofarmacología son una amenaza tan grande para el hombre interior, como las herramientas de la guerra para el hombre exterior. Científicos y médicos deberían ser sobrios al ver su responsabilidad por este mal.

Hace casi cuarenta años, Michael Polanyi (1957)8 escribió un artículo en Science con el título «Perspectiva Científica: Su Enfermedad y Curación», y dijo:

«Hoy … el poder ejercido previamente por la teología ha pasado a la ciencia; por tanto, la ciencia se ha convertido a su vez en la mayor fuente única de error … Estoy convencido de que los abusos del método científico deben ser frenados, tanto en interés de otros ideales humanos que amenazan como en interés de la propia ciencia, que está amenazada de autodestrucción, a menos que pueda armonizarse con toda la gama del pensamiento humano».

Innumerables estudios científicos muestran que los fármacos neurolépticos son eficaces para reducir los síntomas psicóticos. Tales estudios típicamente abarcan a lo sumo dos años. En todo respecto, así también con respecto al tiempo, tales estudios tienen en cuenta solo una pequeña fracción o aspecto de la vida del paciente. Hemos visto, por ejemplo, que la «mejoría» psiquiátrica a corto plazo puede estar correlacionada con el deterioro de la personalidad a largo plazo.

Las evaluaciones y mediciones de la psiquiatría tienen su utilidad. Pero cuando estas verdades parciales se dejan valer como la verdad completa, el resultado es el mal. Medidas más verdaderas de un ser humano son las que existen en los ojos de otro de su especie que lo ve y lo ama; y las de sus propias esperanzas y sueños. La psiquiatría no ha comprendido este imperativo moral. Ha llegado a ser, por tanto, una falsa medición del hombre, trágica y cruel.

Parece apropiado concluir este artículo, en una conferencia sobre leyes e instituciones legales en relación con la psiquiatría, con una cita de Charles Darwin que aparece en la primera página de un libro de Stephen Jay Gould (1981)9 con el título que acabas de escuchar, La Medida Errónea del Hombre:

«Si la miseria de nuestros pobres no es causada por las leyes de la naturaleza, sino por nuestras instituciones, grande es nuestro pecado».

Referencias

  1. Day M.; Semrad E.R.: Schizophrenic reactions. In Nicholi A.M., Ed., The Harvard Guide to Modern Psychiatry, Cambridge and London: Harvard University Press, 199-241, 1978.

  2. Leff J.P.: Schizophrenia and Sensitivity to the Family Environment. Schizophr Bull 2 : 566-574, 1976.

  3. Matthews S M. Roper M. T. Mosher L. R. Menn, A.Z.: A Non-neuroleptic Treatment for Schizophrenia: Analysis of two-year postdischarge risk of relapse. Schizophr Bull 5: 322-333, 1979.

  4. Sjostrom R. Effects of Psychotherapy in Schizophrenia. Acta Psychiatr Scand 71: 513-522, 1985.

  5. MacLean P.D.: A Triune Concept of the Brain and Behavior, 58-59. Toronto and Buffalo, University of Toronto Press, 1973.

  6. Nauta W.J.H.: The Problem of the Frontal Lobe. A reinterpretation, p. 183. J Psychiat Res 8: 167-187, 1971.

  7. May R.: The Courage to Create, p. 44-45, Toronto, New York, London/Sydney: Bantam Books, paperback, 1976. (Original hardcover edition, New York/London: W. W. Norton & Co., 1975).

  8. Polanyi M.: Scientific Outlook : Its Sickness and Cure. Science 125: 480-484, 1957.

  9. Gould S.J.: The Mismeasure of Man. New York and London W.W. Norton & Co., 1981.

Adenda:

Tras completar este artículo, el autor encontró dos informes de psiquiatras que han llegado a conclusiones similares y que ambos rechazan los fármacos neurolépticos. Uno es un breve artículo de un psiquiatra británico con «57 años» de experiencia. El otro es un libro de un psiquiatra estadounidense. Está claro que los tres hemos llegado a conclusiones similares de forma independiente.

  • Bierer J.: Medicine or “Manslaughter” Int. J. Soc. Psychiatry, 29: 247-248. 1983.
  • Breggin P. R.: Psychiatric Drugs: Hazards to the Brain. Nueva York, Springer 1983.

Autor: Lars Martensson

El artículo original puede encontrarse en el libro Deprived of our Humanity, del mismo autor.